Huertas comunitarias Tierra para quien la trabaja

CAMPAÑA TIERRA PARA LA VIDA DIGNA

A la comunidad cordobesa

A quienes los conflictos de tierra y vivienda les atraviesa la vida

A quienes se cansaron de ver cómo unos pocos acaparan lo que debería ser de todas la personas.Les acercamos la Campaña Tierra Para la Vida Digna, una iniciativa que esperamos sea de su interés y se sumen a construirla.

En el año 2013 nació la Campaña “Tierra Para la Vida Digna”. Cuando, en lugar de soluciones, encontrábamos desde los gobiernos una feroz política de represión, despojo y saqueo a las familias que buscaban un lugar para vivir y trabajar. Entendimos entonces la urgencia de fortalecer y visibilizar la voz de quienes ocupaban tierras en el campo y en la ciudad, resolviendo así la necesidad básica de techo y alimento. Cíclicamente aparece esta urgencia porque no hay soluciones reales, integrales y con recursos que atiendan la problemática. Ocho años después, reaparece la urgencia de recuperar este grito de Tierra Para la Vida Digna. Lejos de mejorar, en estos años se profundizó la desigual e injusta distribución de la tierra. Otra vez en Córdoba vemos esta problemática concreta y crudamente: durante el 2020, en un contexto de pandemia global y profunda crisis económica, cientos de familias ocuparon tierra para vivir y la respuesta de los gobiernos fue la represión y el desalojo.

Esta es una muestra de una realidad que afecta a todo el país, tanto en el campo como en la ciudad. Mientras muchas familias no tienen acceso a la tierra y la vivienda, los gobiernos siguen beneficiando a los grandes propietarios y a los negociados con desarrollistas inmobiliarios.

La lucha por la tierra es la lucha por la vida y por el buen vivir, por garantizar las condiciones mínimas de existencia: por el acceso al agua, a un ambiente sano y libre de contaminación, a un techo, al alimento y al abrigo, a espacios libres de violencias para el desarrollo de infancias sanas y una vejez digna. Es la lucha en una diversidad de luchas. Nuestra historia está plagada de momentos y personas que fueron despojadas de sus tierras, o tuvieron que dar grandes batallas para resistir o recuperarlas. Este momento está hermanado con resistencias indígenas y campesinas, es una continuidad de los despojos y expulsiones de poblaciones rurales hacia las grandes ciudades, donde encontraron hambre, miseria y hacinamiento. Nos hermana con las familias que viven en las villas y los barrios populares, en los asentamientos y las ocupaciones de tierra. Somos parte de las mujeres y disidencias que sostienen la supervivencia de las comunidades, de las miles de familias que hacen malabares para pagar un alquiler que asfixia, de quienes fueron expulsados directa o indirectamente de sus lugares de origen, y migran buscando, soñando y deseando construir vidas mejores. Somos parte de las familias de barrios residenciales que resisten la instalación de industrias contaminantes, porque dañan sus vidas y de las futuras generaciones, de las comunidades rurales que se enfrentan al uso de agrotóxicos.

La lucha es de todas las personas, familias y pueblos que habitamos estos territorios, para que podamos tener una Vida Digna. Por eso, hoy igual que ayer, nos hacemos eco de esas voces y nos volcamos en un solo grito:

“Tierra para quien la trabaja, Tierra para quien la habita, Tierra para quien la sueña, Tierra para quien la ama, Tierra libre de violencias, Tierra libre de contaminación y muerte, Tierra para quienes somos de la tierra”.

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