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HIJO EN TRANSICIÓN

Norma es una mamá que acompaña a su hijo en su proceso de transición. Conversamos con ella sobre las dificultades, los desafíos, los aprendizajes y las alegrías en este camino amoroso.

*Por Redacción La tinta

Norma es una vecina compañera que habita, desde hace años, las luchas populares de la ciudad de Córdoba. Es trabajadora de la economía popular, vive en Campo de la Ribera y está organizada en la asamblea del Encuentro de Organizaciones en ese barrio. Además, es parte del taller de conservas en Casa Comunidad, espacio que trabaja contra la violencia de géneros. Desde hace un tiempo, también camina junto a la Casa de Varones Trans y Familias, acompañando la transición de su hijo Matías.

Le proponemos unas preguntas y rápidamente nos dice que sí. Norma es una mujer callada, observadora, con mucha voluntad de acción, que, cuando habla, planta una verdad. Una hermana mapuche le regaló un nombre: Mawuida Kuifi, montaña ancestral.

Matías tiene 17 años y, hace algún tiempo, comenzó el proceso de transición. Norma nos cuenta que, como mamá, lo primero que sintió fue miedo. “El primer miedo, que nunca se lo dije a nadie, esta es la primera vez, es a que él estuviera equivocado. Fue lo primero que se me cruzó por la cabeza, que no lo dije nunca porque sentía culpa de esa duda. El otro miedo era al afuera, a la calle, a lo que le pueda pasar, a que sufriera algún tipo de violencia, física sobre todo”.

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Estamos viviendo un proceso social interesante en relación a la visibilización de las identidades trans. Se escuchan voces que se animan a la pregunta, antes solapadas por el miedo, el juzgamiento, la falsa moral y lo patologizante. Sin embargo, es un momento más del largo camino de real libertad para los cuerpos e identidades disidentes. Una de las dificultades actuales, explica Norma, es vivir en una ciudad que no está preparada para transicionar, “seguís viendo los obstáculos para que los chicos puedan adquirir las hormonas o, cuando hacés el trámite, en todos lados te piden el apto psicológico, y es ilegal, o te piden un abogado para hacer la rectificación de la partida de nacimiento”.

“Son lugares del Estado que no respetan la ley, todo lo contrario, no cumplen los derechos de elles. En las escuelas, lo mismo, ya no tendríamos que ir y dar explicaciones, deberían estar listos para que, cuando una chica o chico plantee su transición, se haga automáticamente sin estar haciendo actas de lo que se habló como si fuera algo anormal o pueda presentar problemas”. Un ejemplo doloroso de esto, en el caso de Matías, es tener que ir al baño de preceptores en la escuela, “porque no quiere ir al de chicas, entonces, lo mandan ahí, ya no debiera ocurrir eso, la ley está y ya deberían manejarse de otra forma desde los jardines”, expresa su mamá.


Sin embargo, el tejido comunitario existe y nos sostiene. Le preguntamos qué siente que es imprescindible en este momento y nos dice con seguridad: “La gente que me saca las dudas, las personas que me acompañan en este proceso, amigos, amigas que, cuando yo manifesté que no estaba bien, me preguntaran, me guiaran, no estar sola, o saber que estás rodeada de las personas correctas, eso es lo que nos hace bien”.


La Casa de Varones Trans y Familias cumple un rol fundamental en el proceso. A las dos semanas de que Matías habló con ella, Norma leyó una entrevista a Santiago Merlo, referente del espacio. “Ahí me puse en contacto porque tenía muchas dudas. Venía hablando con una compañera trans, pero sentía que el proceso de Matías no era el mismo que de una mujer, y encontrar a los compañeros ahí fue muy lindo, muy contenedor, sentí que él tenía gente en su mismo proceso, que sentía lo mismo y eso, para mí, era muy importante”.

Madre e hijo participan activamente en la Casa, principalmente, acompañándose entre familias. Desde ahí, además del sostén emocional, encontraron un lugar de asesoramiento legal para sortear las dificultades del sistema, “si se presenta alguna traba, sabemos que hay compañeres ahí para ayudarnos”.

Norma tiene una basta trayectoria militante en organizaciones de base y esto fue un piso desde donde partir, aunque no suficiente. “Estar militando hace bastante tiempo me sirvió mucho para poder acompañarlo, me alivianó, ya estaba con compañeres que están más informades, entonces, no me sentía sola ni sentía que iba a ser tan pesado el proceso y, cuando empecé a contarlo, me sentí contenida”, cuenta la compañera. Aunque ese tiempo de militancia sirvió, específicamente el de Casa Comunidad donde venían desarrollando formaciones en géneros, Norma relata que “no sabía mucho, sentía como que aceptar era suficiente, pero cuando Matías me expresó su situación y cómo él se sentía, me di cuenta que no sabía nada y que tenía muchísimo para aprender”.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Explica que comprendió que no bastaba con decir que somos todos diferentes, sino que “está bueno saber cómo siente el otro, cómo es el otro, de dónde y cómo surge todo esto, a partir de cuándo, porque no todos pasan lo mismo. Abrí mucho más la cabeza, sabemos que las violencias existen, pero, cuando empezás a compartir con ellos más de cerca, ahí entendés realmente de lo que te están hablando”.

La importancia de la Educación Sexual Integral resulta urgente. A modo de reclamo y deseo, Norma explica que, en las escuelas, debe hablarse de esto abiertamente, “que no exista la edad para que esto se empiece hablar, porque les niñes desde muy chiques comienzan a expresarlo y se callan por todo el entorno, entonces, es importante que no se empiece a hablar desde la adolescencia o cuando son grandes, sino que ya tiene que ser algo natural”, y sostiene: “Tenemos que estar firmes en esa decisión y seguir luchando y plantándonos, ya basta que sea algo mal visto y con la idea de que los niños no lo pueden manejar, porque lo manejan mejor que nosotros”.


El camino de transición tiene altibajos y cada une lo transita de formas diversas. La tarea de las familias que acompañan es fundamental y también está atravesada por dificultades, dolores y alegrías. “Lo que me ayuda a llevar este proceso es verlo a él con esa plenitud”. En la construcción de su identidad, Matías ha enfrentado críticas de personas que lo cuestionan al vestirse “como mujer” sintiéndose varón. “Me pregunta qué pienso de esto y yo le digo que lo único que veo es que él se divierte y eso me parece muy lindo, vivir de esa forma sin prejuicio, sin importar lo que digan, eso es lo que me da tranquilidad y me ayuda a llevar esto sin tanta preocupación”.


Norma hace un silencio, piensa y agrega: “Ya los miedos se están yendo y verlo bien, ver que se siente en la libertad de ser lo que él quiere, que se siente íntegro y sabe lo que quiere, me deja muy tranquila”.

—¿Qué le dirías a una familia que está comenzando a acompañar la transición de una persona?

—Primero que nada, que es importante el abrazo. Creo que las dudas, las respuestas no salen en el primer momento, se va aprendiendo todo el tiempo, pero, sobre todo, hay que aceptar desde el amor, no hay manera de acompañar si no se demuestra amor. Es importante informarse o escucharles para entender más todo lo que va surgiendo en el día a día, no hay que tener miedo de perder lazos por defender a nuestres hijes. También que busquen contención en otras familias que transitan el mismo camino, así ya nadie está solo.